Mi manada en el cielo
Siempre serán parte de nuestra historia
Negra
Negra
Comunidad de La Patria
Hasta siempre: 24 de junio de 2026
Edad aprox. 12 años
Negra nos enseñó que el amor siempre puede volver a florecer, incluso después del abandono y del maltrato.
Jamás olvidaremos aquel último día en el que nos regaló la alegría de verla caminar una vez más. Fue un recordatorio de la inmensa fortaleza que llevaba en su corazón y de su decisión de seguir luchando, aun cuando la vida le había puesto tantos obstáculos.Superó enfermedades que parecían imposibles, enfrentó cada batalla con una serenidad admirable y nunca dejó de mirar el mundo con esos ojos llenos de esperanza.Le encantaban los niños.
Disfrutaba visitar a sus vecinos, descansar en los antejardines y recibir una caricia de quienes ya la esperaban como parte de la familia. El día de su despedida no estuvo sola. Su comunidad estuvo allí.
Nosotros también. Y comprendimos que, después de tantos años enfrentando la vida, finalmente había encontrado lo que todo ser vivo merece: una familia que la amara hasta el último segundo. Gracias, Negra, por enseñarnos el verdadero significado de la valentía. Corre libre entre las estrellas.
Mona
Mona
Comunidad de Entre Verdes
Hasta siempre: 26 de junio de 2026
Edad aprox. 12 años
Siempre recordaremos a Mona caminando despacio, con esa carita alegre, sus ojos negros llenos de ternura y su cuerpo gordito que transmitía paz a quien la veía pasar.
Recorría cada día las calles de Entre Verdes como toda una princesa. Si algo le daba miedo, encontraba refugio en la casa de algún vecino; cuando se sentía segura, volvía a salir para seguir disfrutando la libertad que tanto amaba. Su historia estuvo llena de personas que la quisieron profundamente.
Después del accidente que cambió su vida, nos dio una de las lecciones más grandes de resiliencia. Aprendió a caminar de nuevo y nunca perdió su tranquilidad ni la confianza con la que saludaba cada amanecer.Amaba la naturaleza. Disfrutaba descansar en los antejardines y, de vez en cuando, robarles el balón a los niños del barrio.
Ellos nunca se enojaban; al contrario, la querían tanto que la veían como una compañera más de sus juegos. Incluso los conductores de los buses detenían su marcha para esperar con paciencia a que la princesa terminara de cruzar el camino. Así de especial era Mona. El día de su despedida tampoco estuvo sola.
Su comunidad la acompañó junto a nosotros, rodeándola del mismo cariño con el que había vivido sus últimos años. No conocimos el comienzo de su historia, pero sí tuvimos el inmenso honor de escribir el capítulo final: uno lleno de amor, respeto, libertad y una familia que jamás la olvidará.
Descansa, hermosa princesa. Tu barrio seguirá recordando el sonido tranquilo de tus pasos y el inmenso amor que dejaste en cada rincón.
